Los sindicatos en la sociedad

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Los sindicatos en la sociedad2017-11-01T21:04:58+00:00

SINDICALISMO COMO DERECHO UNIVERSAL

Partamos de lo elemental … la Declaración Universal de Derechos Humanos es una brevísima lista de los derechos que deben garantizarse a los individuos, son derechos irrenunciables y su violación es objeto del máximo rechazo por parte de la sociedad, esto confiere una especial responsabilidad ética a aquellas personas que ostentan papeles destacados en las colectividades, ya sea por ley, dignidad o poder; estos deben ser los máximos impulsores y defensores de estos derechos básicos.

“Todo individuo tiene derecho a la vida”; si bien parece absurdo consagrar este como un derecho y llevarlo a una carta rectora, esto ocurre debido a que hay sociedades tan ominosas a las cuales se les debe enfatizar que la vida debe ser protegida como un derecho, esa misma Declaración establece que: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”…esto tan primordial y elemental para sociedades más justas se viola de manera permanente por algunas empresa en cabeza de buena parte de sus directivos, aclarando que hay unos pocos que entienden que el derecho a la vida (art. 3), la prohibición de la esclavitud (art. 4), el derecho de sindicación (art. 23), etc, son derechos inalienables y por tanto su menosprecio o peor aún su persecución no son aceptables.

Establece la OIT que la libertad sindical y de asociación permite a los trabajadores y empleadores unirse para proteger mejor, no sólo sus propios intereses económicos, sino también las libertades civiles como el derecho a la vida, a la seguridad, a la integridad, y a la libertad personal y colectiva; este principio como elemento integral de la democracia, es fundamental para hacer realidad todos los demás derechos en el trabajo.

ALGO DE HISTORIA Y DE CONTEXTO LABORAL

Los sindicatos son una herencia de los antiguos gremios que surgen en la época medieval, como instituciones de artesanos, en aquellos tiempos los gremios eran agrupaciones de trabajadores que compartían un oficio y que se unían para establecer los precios de sus productos, ordenar los pasos para hacer carrera dentro de ese oficio, defender los recursos, etc.

En el siglo XIX y XX empiezan a surgir los sindicatos tal como los conocemos hoy en día: instituciones que tienen como principal objetivo velar por los intereses y derechos de los trabajadores. La formación de sindicatos fue una reacción contra los mecanismos de pauperización, principalmente contra las bajas remuneraciones, las jornadas prolongadas, el trabajo infantil y las condiciones de trabajo abrumadoras de la población en general.

Un momento cumbre de los derechos laborales se da con la creación de La Organización Internacional del Trabajo (OIT), como un organismo especializado de las Naciones Unidas y que se ocupa de los asuntos relativos al trabajo y las relaciones laborales. Fue fundada el 11 de abril de 1919, en virtud del Tratado de Versalles. La OIT tiene un gobierno tripartito, integrado por los representantes de los gobiernos, de los sindicatos y de los empleadores.

El contexto histórico ha demostrado que en aquellos países donde se encuentran los sindicatos más fuertes es donde se ha logrado reducir la pobreza y la desigualdad, son las regiones que mejor atienden las normas internacionales del trabajo y ven las mismas no como un resultado del progreso económico sino que como un motor para impulsar el desarrollo sostenible.

Las últimas décadas han forjado en la mayoría de los países desarrollados la libertad sindical y el derecho a la negociación colectiva como los instrumentos fundamentales para dotar a los pobres y los trabajadores de voz en la lucha contra la miseria; son mecanismos esenciales para las Naciones Unidas en su afán de promover la justicia social, especialmente cuando se afrontan cifras desalentadoras del devenir de la humanidad: según las estimaciones de la OIT, 1.390 millones de trabajadores de todo el mundo — casi la mitad del total de la fuerza laboral mundial— no ganan lo suficiente para franquear junto con sus familias el umbral de pobreza de dos dólares diarios.

Se parte del hecho, discutible por demás, que la globalización es necesaria para el desarrollo al forzar la eficiencia de las economías y que la misma implica cambios institucionales, sin embargo los sindicatos hacen el llamado a que la evaluación del beneficio/costo de las medidas en derecho laboral a la luz de la globalización, no se hagan sólo desde el criterio financiero del dueño del capital, sino también desde el análisis económico y social que involucra al resto de los colombianos, pues es evidente que la pobreza o la riqueza de un país, no depende de sus recursos naturales, ni de aspectos raciales, sino de instituciones jurídicas garantistas de los derechos de todos los pobladores; nuestro atraso demuestra que no es por nuestros míseros salarios que no somos competitivos, sino por una clase dirigente que vive de la expropiación de los pobres por la vía impuestos y la corrupción.

En términos históricos, la justicia era regentada en sus más altas esferas por personas de gran pulcritud moral y ética, cuyo concepto sobre las leyes laborales era institucional, esto es, que las normas laborales constituyen elementos para promover la eficiencia productiva y la justicia social; hoy por el contrario, no sólo las altas cortes son cuestionadas por la población colombiana por su corrupción, sino que en su mayoría están conformadas por abogados educados en universidades privadas con docentes que de forma general están al servicio del capital o de la política, con mensajes de resorte neoliberal, cuyo concepto es que las normas sobre el trabajo crean rigideces perjudiciales para que los capitalistas puedan invertir y que la competitividad se basa en la reducción de costos, especialmente los laborales.

TODOS SOMOS TRABAJADORES

Los denominados proletarios del mundo han sido los gestores de los derechos que hoy por hoy disfruta la población trabajadora en el mundo, la cual se dedica a las actividades de generación de plusvalía para los dueños de los medios de capital…los dueños de los medios no son directivos de clase media o directores regionales administrativos, estos son la punta de lanza para atacar a la población de base en muchas entidades, desconociendo por un lado su rol de trabajador y por el otro su papel ético, como lo describe claramente Mona Choren en su libro “useful idiots”.

Las organizaciones sindicales buscando su fin específico al servicio del bien común, son un factor constructivo de orden social y de solidaridad y por ello, un elemento indispensable de la vida social; la doctrina social enseña que las relaciones en el mundo del trabajo se han de caracterizar por la colaboración, contrario al concepto de “eliminar el otro” es de “trabajar con el otro”, pues en el proceso de producción tanto el trabajo como el capital son indispensables, sin embargo los sindicatos son los promotores de la lucha por la justicia social, pero algunos directivos desconocen que esta “lucha” debe ser vista como una acción de defensa normal en favor del justo bien, no es una lucha contra los demás o contra un directivo en particular, sino una búsqueda centrada en la persona humana y sus derechos.

La lucha sindical no se restringe a los derechos de los empleados y funcionarios con contratos formales, por el contrario, reconoce la existencia de trabajadores que están en situación aún más precaria: los de la economía informal, el sector rural, los trabajadores migrantes y los trabajadores domésticos y población altamente vulnerable. Los sindicatos abogan para esta población sea parte integrante del diálogo en los procesos de reivindicación social.

Se necesitaría solamente el dos por ciento del PIB mundial para proporcionar seguridad social básica a todas las personas o el equivalente de las subvenciones de los estados entregadas a los bancos europeos durante la crisis económica del año 2015-16 para acabar el hambre en el mundo por cinco años, pero esto requiere voluntad y solidaridad de la clase política, la cual ha vivido del resto de la población por décadas, especialmente en países corruptos (como lo es penosamente el nuestro) o en el mejor de los casos “incompetentes”, personas que nunca han producido absolutamente nada y que se han dedicado a vivir de los demás integrantes de la sociedad a cambio de hacerles favores a los dueños del capital, que a su vez son el sector parasitario de la economía…esto ocurre por el contubernio entre las clase dirigentes de los tres poderes de los estados (legislativo, ejecutivo y judicial), los cuales rotan entre los tres escenarios sin ningún tipo de control por parte de la sociedad.

Ahora bien. Cualquiera diría, ¿por qué no se levantan los pueblos, los trabajadores, ante tal injusticia, tanta corrupción, tanta miseria?, el mecanismo que sustenta el estado y la economía del capital se basa en llamada “aristocracia obrera o burguesa”, aquella considerada como la “capa alta” y relativamente pequeña de la clase obrera; constituida por obreros a menudo bien calificados (profesionales, magister, doctorados) que desempeñan cargos directivos en la propiedad privada, pública y en las fuerzas militares; son obreros (no son los dueños del capital, no son los dueños de los bancos, ni de las industrias) a quienes la burguesía logra alienar gracias a salarios más altos y que son a su vez, el primer factor de control de la demás población vulnerada.

RESPONSABILIDAD EMPRESARIAL

Por más que se tengan depurados los códigos de ética, las políticas medioambientales, los programas de beneficios, etc., la cultura organizacional estará marcada por aquello que se practica día a día: “las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”; los empresarios y dirigentes deben ser personas con sentido social, apartados de tendencias políticas ortodoxas y que genuinamente buscan representar los intereses de sus asociados y propietarios sin violar los derechos de los demás (trabajadores, clientes, etc), en este escenario  los sindicatos pueden ser el aliado natural para la demostración de responsabilidad empresarial ante los consumidores finales.

A su vez, la sociedad debe respaldar a sus sindicatos, como se aprecia en países desarrollados donde muchos ciudadanos asumen una responsabilidad social sindical en sentido amplio: van más allá de las condiciones laborales y exigen la innovación de los productos y servicios que ofrecen al mercado, reducción del impacto ambiental, condiciones laborales dignas por parte de proveedores y distribuidores, y por tanto es la sociedad en general la beneficiada por la acción de ese consumidor responsable.

Este ‘empoderamiento’ de la ciudadanía resulta en un mayor compromiso social de las empresas hacia los stakeholders y el consumidor, éste no concibe una empresa sin un sistema laboral ajustado a la ley, por tanto el patrono y el trabajador deben tener una mirada conjunta y de largo plazo que garantice la competitividad y sostenibilidad de la empresa y es allí donde la empresa debe analizar con el sindicato las cifras reales de la actividad económica siendo el sindicato respetado, informado y consultado, en una relación cimentada en la responsabilidad empresarial.

GLOBALIZACION ECONOMICA

En lo macroeconómico algunos gobiernos han adoptado una política restrictiva frente a los sindicatos de trabajadores, por considerar que con ello estimulaban las inversiones extranjeras, sin embargo las cifras contrastan con ese paradigma y se puede ver que la inversión en un país (fácilmente consultable en internet) no depende de las restricciones laborales sino de las libertades institucionales y garantistas para la inversión.

El derecho ha sido un instrumento de la clase dominante: las leyes se hacen por y para los propietarios del capital, dejando unas condiciones mínimas para la población trabajadora; para colmo que en algunos países son incluso más vulneradas, como es el caso de Colombia

Las cesantías y las pensiones ya no son derechos de los trabajadores, sino obligaciones, deben ahorrar de su infortunado salario, dicho ahorro es administrado y usufructuado por los patronos en los Fondos de Pensiones y Cesantías. El fenómeno de pauperización se cimenta cada vez más en reformas al estatuto tributario que afectan básicamente a la población trabajadora: hoy cerca del 40% del ingreso del trabajador se va pagando impuestos, tasas y otros tributos al estado, del resto, cerca del 10% se va para el fondo de pensiones y salud, quedando un 50% de recursos realmente disponibles del salario para la subsistencia del trabajador, los cuales en buena medida están “empeñados” en el sistema bancario por medio de tasas de usura y tarjetas de crédito absolutamente perversas, recursos con los cuales además deben cubrir su salud (prósperos negocios que comercian con la salud y la vida), viviendas impagables, educación pésima, recreación de estratos y alimentación de desecho.

Como lo expone Alberto Carvajal de Asolaborales, el gran capital es el nuevo dios, todo se compra con él: los principios y valores morales; ejemplo de ello es que todas las ramas del poder público (“al parecer”) están inmersas en la corrupción, donde las puertas giratorias y la impunidad son el modus operandi del sistema y lo fallos de mayor implicación legal en lo laboral son proferidos por las altas cortes, a donde llegan y salen abogados que pasan al sector privado como asesores o directivos.

La globalización ha llevado a que el derecho al trabajo sea reemplazado por el derecho civil y comercial, con el fin de dejar sin responsabilidades al empresario, es por tanto necesario que la población laboral entienda que son clase obrera, que deben luchar por sus beneficios, y comprometerse más decididamente con el estado social de derecho que esté fundado en la ética de los derechos humanos.

La globalización convirtió el patrono en empleador, mientras que el asalariado por medio de la leyes que se contraponen a los legítimo, medios de comunicación patronalistas y politizados y una pésima educación del pueblo, dejó de ser el creador de la riqueza y plusvalía, para convertirse en un “recurso humano o colaborador”,

“Recurso Humano” contratado bajo nuevos “paradigmas laborales”, donde pasa a ser sujeto de la explotación y nuevas formas de esclavitud, en primer lugar con aplicación de estrategias de “autogestión”, como la “calidad total”, el coaching, el empoderamiento, la flexibilización, balance score card, las competencias laborales, etc, etc, que sólo llevan riqueza al capitalista pero nada al trabajador, y en un segundo frente de plusvalía, con el cual los patronos le dicen a los trabajadores con contratos laborales que deben compararse, para que como borregos repitan “estamos muy bien, hay que agradecerle al patrono”, y es el de las empresas temporales, que negocian con el hambre y la necesidad de sus subempleados.

EL CRECIMIENTO DE LAS EMPRESAS EN COMPAÑÍA DE LOS SINDICATOS

Damos por sentado que los niveles generales de salario de los trabajadores no van a subir por el buen corazón del patrono, estos sólo crecen por la relación de la oferta y la demanda sobre el empleo y por la participación en las utilidades que tradicionalmente van únicamente para el patrono; es allí donde se puede lograr acuerdos para el crecimiento, donde los beneficios marginales sean para el patrono y el trabajador

La finalidad superior de los sindicatos es la participación de la plusvalía (vía aumento de salarios), algunos no levantan la mirada al horizonte, olvidan que las luchas reivindicativas como la reducción de la jornada de trabajo, subvenciones, estabilidad, etc; deben ir hasta la participación en la ganancia y la cogestión, para garantizar que efectivamente los trabajadores puedan lograr la redistribución de las riquezas.

Las empresas que tienen futuro no son aquellas que tienen a sus empleados en su contra, las empresas se enfrentan a numerosas incertidumbres en un mercado global en rápida evolución; entablar un diálogo sincero permite a los trabajadores y a los empleadores contribuye a desarrollar la confianza de ambas partes, a comprender sus respectivos problemas y encontrar las mejores soluciones. La libertad sindical y de asociación y el ejercicio de la negociación colectiva proporcionan oportunidades para el diálogo constructivo y la resolución de los conflictos, lo que canaliza la energía necesaria para encontrar soluciones que son beneficiosas para la empresa y la sociedad en general.

Algunas ideas de como una empresa puede crecer de la mano del sindicato son (fuente Asolaborales):

En el lugar de trabajo:

  • Respetar el derecho de todos los trabajadores a formar sindicatos y a afiliarse al sindicato de su predilección sin temor de intimidación o represalia, de conformidad con la legislación nacional.

  • Poner en práctica políticas y procedimientos no discriminatorios en cuanto a la organización sindical, la afiliación sindical y la actividad en campos tales como las solicitudes de empleo y las decisiones sobre promociones.

  • Poner a disposición de los representantes de los trabajadores instalaciones apropiadas para facilitar la elaboración de convenios colectivos eficaces, además de la información necesaria para el diálogo sincero.

  • En la comunidad en que tienen lugar sus operaciones:

  • Tener en cuenta el papel y la función de las organizaciones nacionales representativas de los empleadores.

  • Tomar medidas para mejorar las relaciones obrero-patronales, sobre todo en aquellos países que carecen de un adecuado marco institucional y jurídico para el reconocimiento de los sindicatos y la negociación colectiva.

Prácticas como permitir la recaudación de cuotas sindicales en los locales de la empresa, la colocación de carteles sobre las actividades sindicales, la distribución de documentos sobre el sindicato y la adecuación de un espacio de oficinas han demostrado fomentar las buenas relaciones entre la dirección y los trabajadores, a condición de que no sean utilizadas por la empresa para ejercer un control indirecto.

Terminamos con el mensaje central: la desigualdad social y especialmente el desequilibrio entre el disfrute social de los dueños de los medios de producción versus el mínimo o nulo regocijo del sector de los trabajadores, las desastrosas condiciones laborales y la inequidad en el reconocimiento de derechos son todas razones válidas para el surgimiento de los sindicatos en cualquier sociedad.